LAS DECLARACIONES DE LOS JUECES DEBERÁN SER PÚBLICAS

Así lo resolvió el Consejo de la Magistratura en el día de hoy en la sesión plenaria - dictamen 13/07 -.
A raíz de esta decisión, cualquier ciudadano podrá (de manera gratuita) solicitar se le informe el patrimonio de los jueces.
Solamente, con el fin de preservar "datos sensibles" se omitirá la publicación de datos referidos a los nombres de los hijos , cónyuge, y el domicilio; como así también sus acreedores y deudores.
La semana pasada publiqué una nota ("los jueces insisten en mantener en secreto sus bienes") donde se oponían a esta decisión.
La postura se ha modificado y se dio nacimiento a esta resolución.
Entiendo que este dictamen es un aporte que contribuye a la transparencia del poder judicial.
-
S.A

ENTREVISTA A NILS CHRISTIE II






"Las prisiones son un instrumento para que haya más criminales"
Según el sociólogo noruego Nils Christie, el concepto de castigo debe ser revisado
Miércoles 26 de setiembre de 2007 Publicado en la Edición impresa

Altísimo, casi a punto de rozar el techo del lobby, Nils Christie se deja caer en los sillones del hotel, ansioso por empezar a hablar. Como buen sociólogo, elude las trivialidades del clima y se anima a ir directo al corazón de los problemas: “Ustedes, los argentinos, viven en una sociedad que aumenta el uso del castigo de manera extrema. Las prisiones son un instrumento para producir más crímenes”.


Mediante palabras simples, este profesor de la Universidad de Oslo describe cuestiones complejas, como los conceptos de crimen, sufrimiento y castigo en el sistema penal, y los analiza desde el campo de la criminología. Autor de varios libros, como Los límites del dolor, Industria del control del delito y Los conflictos como propiedad, Christie vino al país para participar de un congreso de criminología, y aprovechó su visita para conocer mejor el sistema penal argentino, al que califica de “extraño y, a la vez, muy triste”, por la cantidad de presos sin condena que tiene.


“Hay un aumento de los niveles de dolor en la Argentina; si bien no están en el índice más alto, como sociedad deben estar muy preocupados”, afirmó.


Usted habla de dolor para referirse a las cuestiones penales. ¿Por qué usa ese término?


Hay palabras que no comunican, sino que le ocultan a la gente lo que realmente pasa. Se trata de camuflar los conflictos con palabras que no son del todo claras. El castigo frente a un hecho delictivo es uno de esos conflictos. Suena como algo bastante técnico y, sí, hay una cuestión técnica: si una persona comete un crimen tendrá una determinada cantidad de años de prisión. Pero esos años de prisión son, en realidad, años de sufrimiento impuesto. No es algo fácil de ver pero lo que estamos haciendo en la actualidad en derecho penal es infligir dolor.

-

¿Cree que el control de la delincuencia debería pasar por otro lado y no por mandar a más personas a prisión?

La prisión lastima a la gente. Después de unos años en prisión las personas están menos capacitadas para la vida, incluso mucho menos de lo que lo estaban antes. En ese sentido, las prisiones son un instrumento productor de crímenes. Otra cuestión importante es la situación de injusticia social detrás del crimen. La población carcelaria está compuesta por personas pobres, de bajo nivel educacional y, en su mayoría, con relaciones familiares disfuncionales. Están fuera del sistema y eso no mejora mientras están en prisión. Como dijo uno de mis estudiantes, mientras están presos tienen mucho de nada. Es una buena forma de describir el tiempo en una cárcel.

-

¿Coincide con los abolicionistas, que postulan la eliminación total del sistema penal?

No comparto completamente su visión. Hay ciertas cuestiones para las que hay que usar la fuerza del Estado. No podemos imaginar un Estado sin su poder final, como quieren los abolicionistas. Pero ésa es mi base de mínima, mi límite. Creo que no debemos abusar de ese instrumento tan fuerte. Y hay una tendencia en los países más industrializados a depender cada vez más del sistema penal. En Europa, por ejemplo, subieron los índices de la población carcelaria. Y en los Estados Unidos la situación esta fuera de control, con más de 2.3 millones de personas en prisión.

-

¿Y en la Argentina?

Acá no hay tantas personas en prisión, si se compara con los estándares de América latina. Ustedes están en el medio, pero con dos cuestiones muy peculiares. Primero, hubo un aumento tremendo de la población carcelaria. Según mis estimaciones, en 1992 había 20.000 personas en prisión; en 2001 se pasó a 41.000 presos y actualmente ustedes tienen 60.000 personas encarceladas. Es decir, que en este breve lapso de tiempo se triplicaron. Eso es algo muy raro y debe causar gran preocupación. Me parece que la sociedad debe involucrarse en un sistema de control moral, en debatir qué tipo de país quiere, si uno donde se aplique una gran cantidad de dolor, o uno relativamente pacífico.

-

¿Y la segunda cuestión?

Tienen a mucha gente encarcelada sin sentencia firme. Sus números son dramáticos. Si puedo confiar en mis estadísticas, en la actualidad tienen cerca del 60% de los presos sin sentencia firme. Como no están sentenciados puede que no sean culpables. ¡Estas personas pasan en sus celdas uno, dos, tres años! ¡Es mucho sufrimiento! En la conferencia que di preguntaba cómo pueden tolerar esta situación en un país tan civilizado y por qué el sistema funciona de manera tan lenta. Ustedes tienen una gran cantidad de jueces excepcionales, ¿cómo es posible que produzcan tan pocas decisiones?

-

¿Qué se podría hacer para modificar esta realidad?

Hay que lograr que el lenguaje se acerque al fenómeno. Si conocemos a la persona detrás de los actos, reaccionamos de modo completamente diferente. Es una cuestión central para mí.

-

¿Por eso promueve las cortes vecinales y los procesos de mediación?

Es muy importante para la persona culpable poder expresar su angustia, su enojo, sus condiciones de vida y también pedir perdón. Esa es la base detrás del proceso de paz y reconciliación de Nelson Mandela en Sudáfrica. Allí se pudo ver una y otra vez que las víctimas decían: "por fin pude saber qué le pasó a mi marido o a mi hijo". Incluso, los delincuentes pudieron decir algo. Esa es la base de la mediación.

-

¿No cree que ese tipo de cortes vecinales y de tribunales de mediación son posibles sólo en sociedades chicas? ¿Se puede trasladar esa experiencia a una metrópoli como Buenos Aires?

¡Estoy convencido de eso! Mientras caminaba por su ciudad me quedé sorprendido por las posibilidades de lograr una Buenos Aires decente y confiable. Habría que ayudar a las personas para que florezcan las relaciones vecinales. Dejarlas que lidien con sus propios conflictos. Porque los conflictos pueden producir cosas buenas, como que las personas comiencen a hablar entre ellas.

-

Con respecto a la mediación, ¿también se usa para cuestiones penales?

Sí, por supuesto, y cada vez son más los casos que la policía lleva a las cortes de mediación, aunque hay algunos límites. Esto pronto va a rebotar en Argentina, particularmente teniendo en cuenta que con el nivel de población carcelaria que tienen van a terminar arruinados. Acá hay un tema, ético pero también económico. Le mencioné que Estados Unidos tiene 2,3 millones de presos, eso significa más de 700 presos cada 100.000 personas. Ustedes tienen 63 presos cada 100.000. Si bien es normal para el continente, ustedes no son Estados Unidos. No tienen sus recursos.

-

Usted trabaja con el concepto de que el crimen no existe. ¿Cómo es posible?

En mi libro Los límites del dolor digo que el crimen no existe, que es una construcción social. Por ejemplo, si usted toma dinero de la billetera de su madre, ella no va a pensar que usted es un delincuente y probablemente no llame a la policía. Pero si el que le saca dinero a la madre de usted es un vecino, usted puede pensar que es un criminal y seguramente llamará a la policía. Entonces, ¿cómo percibimos lo que es crimen?

-

¿Y cómo toma usted un asesinato, un secuestro?

Los actos terribles existen y no hay duda de que son terribles. En determinados casos ambas partes coinciden en que se trata de un crimen. Pero lo que yo pienso es que en la mayoría de los casos sería una buena idea aplicar la definición de crimen que indiqué y hablar de actos no queridos, porque eso obliga a poner los ojos no sobre lo que pasó sino sobre lo que se podría cambiar.

-

¿Qué piensan de usted los jueces?

Cuando empecé a decir estas cosas tuve mucha oposición, pero creo que hoy en día muchos de los jueces coinciden conmigo porque saben que no debemos sobrecargar el sistema penal. Creo que los jueces no se niegan a ver este punto. Por otro lado, un grupo que sí demuestra mucho interés, lo que fue toda una novedad para mí, es la policía. Están muy a favor de la mediación porque les da un nuevo papel, mucho más satisfactorio que correr por las calles y atrapar ladrones. En la antigüedad, el título de los policías era "oficiales de paz". Ayudaban a la paz social. Creo que eso es más rico y gratificante que sus tareas actuales. Al trabajar en los barrios y conocer a la gente ya no se hablaría de crímenes sino de que Peter hizo una tontería.


-

LA NACIÓN

-

S.A

ALLANAMIENTO CON O SIN LÍMITES

La Corte Suprema De Justicia el dia 4 de Septiembre falló el caso "Minaglia"(*) dejando atras el precedente "Fiorentino".
Asi, autorizó a los jueces a ordenar un allanamiento sin fundamenos.
A continuación hago un breve comentario del mismo.
-
Los hechos sucedieron así:
Un móvil policial se encontraba detenido cercano a un domicilio donde se sospechaba que se comercializaban estupefacientes. En un momento dos personas se acercan al domicilio,y proceden a "intercambiar objetos". Luego, se retiran en su automóvil.
La policía los intercepta en la vía pública y practica una requisa, donde se procede al secuestro de algunos envoltorios en cuyo interior había sustancia estupefaciente. En ocasión que ambos individuos estaban siendo transportados a la dependencia en el móvil policial, uno de ellos manifiesta en forma aparentemente espontánea que, efectivamente, en ese domicilio se comercializaban estupefacientes. Se avisa imnediatamente al Juez de Instrucción, quien sin más ordena el allanamiento de la finca, diligencia que se practica a altas horas de la madrugada, con resultados positivos.
-
Cronología del fallo:
En primera instancia absuelven al imputado por entender que las declaraciones no habían sido "espontáneas" y que cuya "espontaneidad" se encontraba en duda. Que en consecuencia debía declararse nulo lo actuado.
Recurrida la sentencia, la Cámara Del Crimen revoca y condena por no advertir las irregularidades señaladas ut supra.
Ante esto, la defensa del imputado recurre mediante Recurso Extraordinario Federal a la Corte basándose en la doctrina del "fruto del árbol venenoso" ( fruit of poisonous tree ) y en tres agravios:
1) que la orden de allanamiento carecía de fundamentos.
2) que la declaración no había sido espontánea.
3) que la diligencia fue practicada en un horario inhábil y que la intervención de los testigos del procedimiento no había sido legal.
La Corte hace mayoría con los votos de Fayt, Argibay,Lorenzetti y Higton de Nolasco.
A la primera de la cuestión la mayoría respondió que si bien era cierto que la orden de allanamiento carecía de fundamentos, eso no quería decir que en la causa no hubiesen motivos suficientes para haberla dictado, haciendo una disquisición entre los motivos de la causa y la fundamentación de las resoluciones.
Con relación a la segunda de ellas, la mayoría recordó precedentes de la Corte ("Jofré", "Cabral" y "Scchettini") donde se habían convalidado las declaraciones prestadas en sede policial - siempre que estas no hallan sido realizadas bajo algun tipo de coacción -.
Finalmente, en cuanto al tema del horario inhábil y sin habilitación expresa en que se practicó la diligencia, sostuvo que ello eran cuestiones propias de la ley procesal, ajenas al remedio federal.
-
La disidencia (Zaffaroni,Petracchi y Maqueda) expresó que debía hacerse lugar al recurso extraordinario; agrego también que "..la emisión del orden de allanamiento sin fundamento no solo se aparto de lo postulado por la ley, sino que impidió cumplir con los recaudos tales como exponer los justificativos, describir las cosas que debian secuestrarse, así como la razón para llevarlo acabo en horas excepcionales.También encontró "dudosa" la declaración.
-
(*)Minaglia, Mauro Omar y otra s/ infracción ley 23.737.
Fallo: M. 3710. XXXVIII.
-
QUÉ LES PARECE EL FALLO?
-
S.A

LOS JUECES INSISTEN EN MANTENER EN SECRETO SUS BIENES

Por una razón u otra, los jueces se resisten a hacer público su patrimonio. Desde hace más tres años, tanto la Corte Suprema como el Consejo de la Magistratura dan vueltas y siguen sin aprobar un régimen para garantizar que los ciudadanos tengan acceso a sus declaraciones juradas, algo que exige la Ley de Etica Pública. Por ahora rige un viejo sistema en el que es prácticamente imposible saber qué tiene un juez en su haber. Los proyectos de reforma que cosechan más apoyos son igualmente restrictivos. En la actualidad, las declaraciones de bienes de los jueces de todas las jerarquías son atesoradas por la Administración General de la Corte.

Se supone que cualquier persona que quiera consultarlas puede hacerlo si exhibe una razón que el administrador, Nicolás Reyes, evalúa atendible. Sin embargo, en la práctica, llegar al inventario de un juez es una misión imposible.

Incluso se presentó un amparo que pasó de juzgado en juzgado durante cuatro años (nadie lo quería resolver). A fines de 2003 se llegó a hablar de poner la lista de bienes y cuentas de cada juez en Internet.

El Consejo y la Corte se reunen periódicamente e intentan superar sus viejas peleas de poder. Pero todavía ni siquiera se pusieron de acuerdo sobre cuál de los dos organismos debe administrar las declaraciones juradas.

El otro plano en debate es qué información exigirle a los jueces en su presentación pública de bienes y qué requisitos poner a los ciudadanos que quieran conocerla.


EXTRACTO DE LA NOTA DE PÁGINA 12/ EL PAÍS.

--


Solo resta agregar una vieja frase de William Shakespeare:

"Mejor que con palabras la honestidad se muestra con acciones"


S.A

ENTREVISTA A NILS CHRISTIE





APROVECHANDO QUE EN ESTOS DÍAS TUVIMOS LA PRESENCIA DE NILS CHRISTIE, EN EL CONGRESO DE CRIMINOLOGÍA EN LA UBA, DEJO ACÁ UNA ENTREVISTA MUY VALIOSA.

Suplemento Zona. Diario Clarín
ENTREVISTA: NILS CHRISTIE, CRIMINÓLOGO * Noruego, 76 años. * Enseña e investiga en el Departamento de Criminología de la Universidad de Oslo. *
Entre sus libros se cuentan "Los límites del dolor" (FCE, 1984) y "La industria del control del delito. ¿La nueva forma del Holocausto?" (Editores del Puerto, 1993)."La cárcel suele significar una capacitación para el crimen" En distintos países del mundo, incluida la Argentina, se piden penas mayores para luchar contra el aumento del delito. Pero la experiencia indica que tiene más éxito reparar la desintegración social.

Nuestro paisaje urbano se llenó en pocos años de rejas y se multiplicaron las alarmas y las cerraduras. Cada vez hay más gente armada, pero aún así la sensación de inseguridad sigue dominando y se reclaman más penas y encarcelamientos. ¿Es éste el camino correcto?

—Cuando las diferencias de clase aumentan y la economía está teñida por la inequidad, la inseguridad pasa a ser una característica de la mayoría de las sociedades. La inseguridad es la parte peligrosa del desarrollo. Por eso yo pongo tanto énfasis en la mejora de las condiciones sociales generales como medida contra el crimen. Sé que en Argentina hay un fuerte movimiento tendiente a aumentar las penas y la seriedad de los castigos pero, en mi opinión, esto es a la larga una política peligrosa. A menudo utilizo el siguiente y sencillo ejemplo: si los padres tienen hijos y los mandan a una escuela, esperan que aprendan algo. Esperan que tengan buenos profesores y que hagan amigos para toda la vida. ¿Por qué no habría de tener las mismas consecuencias el encarcelamiento? La cárcel es peligrosa porque en la mayoría de los casos significa una capacitación para el crimen. Creo que esa es su esencia. Por lo tanto, es sumamente importante hacer hincapié en las cuestiones sociales y en los caminos alternativos al endurecimiento de penas. Algo hay que hacer, sin duda, contra el aumento del delito. Pero debemos tratar de encontrar soluciones civilizadas.

¿Cuál es el balance de las experiencias de naciones como Estados Unidos o Rusia, que tienen los índices más altos de encierro de personas?

—En Estados Unidos tienen hoy un problema muy serio. Pese a registrar un encarcelamiento muy elevado, tienen que liberar a los detenidos tarde o temprano, y ahora estamos en el proceso en que estas prolongadas condenas van a expirar y muchísimos de los convictos van a ser incapaces de hacer frente a la vida común. En Rusia se ve claramente cómo la clase baja está penetrada por lo que ellos llaman la "cultura del ladrón", aprendida en las cárceles. Pertenezco a un sistema relativamente homogéneo, el noruego, y mi idea es tratar de integrar a la gente a la vida común, socializarla a través de lo cotidiano. Usando medios duros se los excluye y es más difícil recuperarlos.

Aun así, crece la industria vinculada a las cárceles. Usted ha llegado a asociar el nivel actual de encierro —que está en expansión— y hechos tan graves como los genocidios. ¿Por qué?

—Mis pensamientos se remiten al Holocausto cuando observo lo que está pasando en la industria carcelaria, esa suerte de forma racional de manejarse con las clases más bajas que puede malograrse completamente con tanta facilidad. Veamos casos como el brasileño, con la exterminación de presos, algo ilustrado en ese filme bello y terrible sobre San Pablo, "Ciudad de Dios".

¿Cuáles serían las alternativas para desmontar ese modelo de imposición del dolor?

—En primer lugar, pienso que es fundamental que el aparato judicial tome conciencia de lo que está haciendo. Está distribuyendo intencionalmente dolor. Segundo, suelo aconsejar ser anticuado. Con esto quiero decir que casi todas las sociedades que han querido seguir siendo tales intentan soluciones civilizadas, tratan de dialogar, de mediar y negociar. Estoy convencido de que en Argentina también hay una tendencia a dialogar en vez de castigar drásticamente.

El abolicionismo entiende que no se puede justificar el castigo, que la punición trae más perjuicios que ventajas y que deben sustituirse las sanciones penales. ¿Es esta su posición?

—Sí. Pero creo que soy un abolicionista minimalista. Hay ciertos conflictos que son inevitables. Si la gente dice que quiere manejar en Buenos Aires a 200 Km/h y es imposible pararla, el Estado debe intervenir. Pero el Estado debe saber que el instrumento de dolor es tan pesado que debe tener mucho cuidado al usarlo. Debe intentar usar antes todas las demás alternativas.

¿Qué función podría cumplir la mediación en este proceso?

—Una muy importante, porque devuelve la autoridad a las comunidades locales, dado que gran parte del conflicto se produce en el interior de la comunidad local. La mediación entre las partes es muy valiosa, y se debe tratar de ponerla en práctica tanto a nivel local como en los superiores.

Usted comienza su último libro de manera provocadora, enseñando cómo ha crecido en su país, Noruega, el número de denuncias y el número de presos, pero lo hace dudando de que haya habido más delitos. ¿El mundo en el que hoy vivimos es más violento que el del pasado?

—No. Creo que en muchos sentidos nuestra vida, en años y siglos anteriores, era mucho más violenta. En mi país, y en toda Escandinavia, las personas se agredían mucho más. Y me pregunto si en la Argentina misma no había más violencia. En todo el mundo los padres golpeaban a sus hijos, y hasta los sacerdotes eran muy duros con los alumnos. Pero no puedo dar una respuesta absoluta. Debemos discutirlo y decir que tal vez debamos tener cuidado y no usar palabras grandilocuentes que impiden entender la realidad.

¿Tenemos que esperar de los expertos las respuestas ante la violencia social o deben surgir del debate público?

—Es muy importante que haya debate público, y que en él todo tipo de personas puedan tener voz, incluso los miembros de la intelligentsia. En cualquier sociedad hay muchas voces que pueden ser escuchadas, pero es muy fácil que sólo las muy fuertes y las muy ricas, que tienen contacto con los medios, logren atención y legitimidad. Realmente, sancionó muchos actos que son vistos con justicia como criminales, pero no hay que concentrarse sólo en el comportamiento de una clase cuando hay fuentes de brutalidad que provienen de las clases mejor posicionadas. Tenemos que tratar de entender por qué nuestras sociedades son hoy tan inseguras. Pero, por supuesto, es mucho más fácil usar palabras rimbombantes que escuchar voces contrapuestas.

¿Usted considera que la desocupación es una causa de comisión de delitos?

—Estoy absolutamente convencido de que una mujer o un hombre desocupados tienen mucha dificultad para enseñar a sus hijos a respetar la sociedad. Es que su autoridad fue cercenada. Es un momento tan importante en la vida de un joven y ¿cómo se puede, como padre y con el ideal de éxito que se percibe todo el tiempo, competir con los ideales que se ven en televisión respecto de la manera de comportarse? Antiguamente, cuando los padres tenían empleo, era más fácil procesar las diferencias entre clases. Pero ahora, en esta especie de jungla en guerra que es hoy el mercado, es más difícil transmitir a los hijos el respeto por formas ordinarias de conducta. No estoy hablando, por favor, de una relación automática entre desempleo y delito, sino de lo difícil que es hoy transmitir los valores de la ley.

¿Es conveniente penalizar actitudes que desafían las jerarquías de la cotidianidad, tal como ocurrió con el "hooliganismo"?

—Usted habla de una palabra inglesa tomada por los rusos a fines del siglo XVIII. Tenían una ley contra el hooliganismo. Era una especie de ley de clase porque los hooligans eran trabajadores que salían a la calle en San Petersburgo y demostraban que estaban furiosos por sus condiciones de vida bebiendo y haciendo tropelías. Resulta muy complicado penalizar el hooliganismo; es casi un estilo de vida.

¿Qué hacer con el problema de las drogas? ¿El derecho penal es la respuesta?

—No para mí. Yo no quiero que la gente se drogue con heroína ni que destruya su cuerpo. Pero no hay que crear un sistema de control que en sí mismo genera problemas. Creo que hay que prohibir contrabandear, traficar drogas. Pero, particularmente, el consumo no debería ser castigado. Es un error. Los adictos deben recibir algún tipo de tratamiento médico, como sucedía antes en el viejo sistema inglés. Pienso que la marihuana es un problema demasiado pequeño como para movilizar todo un sistema de instrucción penal; además, es una tentación para las autoridades, porque de esa forma pueden arrestar a casi todo el mundo libremente. Y siempre se arresta a las clases más bajas.


La geografía de las rejas Christie traza un mapa de la población carcelaria de distintas partes del mundo. En la cima se encuentra Estados Unidos, con 730 detenidos cada cien mil habitantes, seguido por la Federación Rusa, donde el promedio es de 607. En Bielorrusia hay 554. En Cuba se estima que hay 500 detenidos cada cien mil habitantes. Ya en nuestra región, en Chile hay 204, en México 156, en Uruguay 166, en Argentina 154, en Brasil 137, en Colombia 126 y en Venezuela 62. Nueva Zelanda tiene un promedio similar al argentino: 155. En Australia hay 112 detenidos cada cien mil personas. Inglaterra y Gales tienen un promedio de 139, España de 126, Italia de 100, Grecia de 80, Noruega de 62 e Islandia tan sólo de 37. Estados Unidos tiene más de 2,1 millones de presos —0,7% de su población—. A ese número deben ser sumadas 4,7 millones de personas que están en libertad bajo fianza o condicional o por probation. De este modo, y según cifras de 2003, hay 6,8 millones de habitantes de Estados Unidos bajo alguna forma de control de las instituciones penales.

LA PRISIÓN PREVENTIVA EN UN ESTADO DE DERECHO

"Otro demérito de los falsos problemas es el de promover soluciones que son falsas también. A plinio (historia natural, libro octavo) no le basta observar que los dragones atacan en verano a los elefantes: aventura la hipótesis de que lo hacen para beberles toda la sangre que, como nadie ignora, es muy fría" Jorge Luis Borges
--
La protección constitucional de la libertad.

Al haber optado nuestro constituyente por la democracia como el régimen político aplicable, se estaba definiendo por un sistema de gobierno que garantiza un pleno respeto al ser humano y le reconoce su dignidad y derechos fundamentales.
En este contexto, el derecho a la libertad, como parte de ese conjunto de derechos y garantías individuales y sociales, tuvo reconocimiento en el preámbulo y ubicado dentro de los primeros artículos del texto constitucional, pudiendo apreciarse de esta forma el grado de reconocimiento que el constituyente le otorgó. La libertad deviene entonces en el bien por excelencia durante la existencia del ser humano.
El concepto va más allá del aspecto ambulatorio, abarca la libertad de pensamiento, de reunión, de expresión, de comercio etc., pero para los efectos del tema me limitare al derecho a la libertad ambulatoria, en relación con el desarrollo del proceso penal.
La protección que el régimen democrático brinda en ese sentido se extiende a cualquier persona, incluyendo por supuesto a todos aquellos que ingresan a la maquinaria del sistema penal en condición de supuestos acusados por un hecho delictivo. El Estado debe garantizarles el reconocimiento absoluto de todos sus derechos y deberes, y brindarles medios de protección para cuando éstos le sean desconocidos.
Debemos reconocer sin embargo, que por desgracia, la realidad nos presenta un cuadro diferente, según el cual, el sujeto sometido a proceso pasa a formar parte de una categoría distinta de ciudadanos, para quienes los derechos fundamentales no tienen vigencia plena.
Como principios fundamentales del reconocimiento al derecho a la libertad, vigentes en nuestro país, encontramos: el preámbulo cuando expresa: “…asegurar los beneficios de la libertad”, el artículo 14, que consagra el derecho de entrar, permanecer, transitar y salir del territorio, el artículo 7.1 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos, que señala: "Toda persona tiene derecho a la libertad y a la seguridad personales." y el artículo 9. 1 del Pacto Internacional de Derecho Civiles y Políticos, que expresa: “Todo individuo tiene derecho a la libertad y a la seguridad personal”.
Como garantía fundamental este derecho no ha sido considerado de carácter absoluto e irrestricto, pues se admite que en ciertas circunstancias pueda ser restringido, en salvaguarda de intereses sociales de mayor valor, y por ello, tanto nuestra Carta Magna como la Convención Americana establecen los casos en que puede restringirse el disfrute de la libertad y la forma en que debe hacerse como supuestos de excepción.
El problema de la prisión preventiva se vincula con la tensión existente entre las necesidades del Estado de aplicar el derecho penal y el debido respeto a las libertades y derechos fundamentales de las personas.
Se puede afirmar que se ha desarrollado una “histeria colectiva”, por ese sentimiento de "inseguridad" que han fomentado los medios de comunicación, fenómeno que es altamente peligroso, pues nos conduce por equivocados caminos no sólo en materia de política criminal, sino también en la actitud de la población que ha optado por recurrir a la compra indiscriminada de armas para supuestamente garantizarse la seguridad personal. Al derecho penal y al procesal en su campo, se les encarga, en este contexto, del cumplimiento de una función que no les atañen, el ser garantes de esa seguridad, justificándose el que se proceda a actuar sin ataduras legales, es decir, que al "delincuente" se le "juzgue" y "ejecute" sin las formalidades de la realización de un proceso.
Se evidencia de esta forma que luego del abandono de la doctrina de la seguridad nacional, que en su guerra contra el marxismo justificaba la tortura, las desapariciones y ejecuciones extrajudiciales, se defiende hoy día una guerra contra la delincuencia utilizando métodos similares.
Creo que en un régimen democrático, la delincuencia sólo puede reprimirse a través de los procedimientos establecidos en forma previa, de conformidad con los principios del respeto a la dignidad del ser humano. En este sentido, es indispensable que, si en la etapa procesal instructora, con el objeto de proteger los fines del proceso y mantener vinculado a quien se somete al mismo, se debe restringir su libertad, solamente se pueda tomar tal determinación como última ratio, con las formas y límites que el propio ordenamiento ha establecido, dentro debido proceso.
Las necesidades estatales de aplicación del derecho penal jamás deben sacrificar las libertades y derechos fundamentales de las personas.
Es entonces al derecho procesal penal al que le corresponde establecer el punto de equilibrio, pero para ello debe tener muy claros los lineamientos básicos que le establecen la Constitución y los pactos de Derechos Humanos.
--
"El guerrero lleva armadura, el amante flores.Cada uno va equipado de acuerdo a las expectativas de lo que va a ocurrir, y sus equipos aumentan las posibilidades de realización de esas expectativas"Nils Christie
--
Lamentablemente se ha respondido al aumento de la delincuencia de una manera bastante represiva, y la principal solución por la que se propugna es el aumento de las penas y la detención permanente de los supuestos infractores desde el inicio del proceso. Es así como el Poder Legislativo aprobó un excesivo aumento de la pena de prisión disponiendo elevar la pena máxima de prisión de veinticinco a cincuenta años, aumentando al mismo tiempo en forma drástica las penas para ilícitos tales como homicidio y violación (“delitos aberrantes”).
El aumento desmedido de las penas no ha podido demostrar su eficacia para disminuir la criminalidad, al contrario, aparte de lesionar también principios fundamentales como el de la dignidad humana, mantiene saturado el sistema penitenciario.

La prisión es la máxima medida cautelar por cuanto se la adopta cuando se han reunido en el proceso serios elementos de juicio que llevan a la convicción suficiente sobre la existencia del hecho y la correlativa culpabilidad del imputado, el que como presupuesto de esta situación ya ha sido indagado y procesado.
En efecto, al dictarse el auto de procesamiento deberá incluirse en él la prisión preventiva del imputado cuando, conforme la prueba reunida, la calificación legal del delito y los antecedentes del reo, la pena que pueda corresponderle en definitiva, a juicio del juez, no podrá beneficiarse con la suspensión de su ejecución, esto es: condena condicional. O, por el contrario, cuando siendo ella posible, resulte claro que se dará a la fuga, o deformará las pruebas.
Si estos extremos se encontraren reunidos en el caso, pero el juez considerase confirmar la libertad provisional (cualquiera de sus formas) que con anterioridad le hubiere concedido, la prisión no preventiva no se dictará.

Lo que ocurre es que siendo la prisión preventiva una medida cautelar personal, con el fin de salvaguardar la efectividad de la pena, y resultando que ella no es necesaria, como ocurre también en los delitos que no tienen fulminada pena privativa de libertad, no hay nada que asegurar.
En los casos en que el juez considere que no va a incluir en el auto de procesamiento la medida cautelar que consideramos, pondrá en libertad al procesado que se encontrare privado de ella, por el sistema de libertad provisional pudiendo, además de la caución, que corresponda, disponer que el liberado no se ausente de determinado lugar, que no concurra a determinado sitio o que se presente a determinada autoridad en las fechas periódicas que se le señalen, incluso se le ordenará abstenerse de determinadas actividades, si por el hecho investigado pudiere corresponder pena de inhabilitación.
Se efectiviza en establecimiento de encierro especiales para procesados, estando prohibido mezclarlos con penados. Además en sus propios establecimientos se los separará por sexo, edad, educación, antecedentes y naturaleza del delito que se les atribuye.
Se someterán todos por igual al régimen carcelario común, sin perjuicio de que, a su cargo y sin alterar el sistema, se provean de mayores comodidades y atención médica además de la oficial. Todos se beneficiarán con visitas íntimas con ajuste a las reglamentaciones.
En tanto que cuando el Código Penal permite la ejecución de pena privativa de libertad de muy corta duración y determinada condición, en domicilio, la prisión preventiva también puede cumplirse en igual forma.
-
S.A - Pequeño fragmento del trabajo que realicé sobre Prisión Preventiva, año 2004 -